Con la idea de alguno e inspiración en otros. Este es mi regalo de cumpleaños para ti.
Porque nos has extrañado y porque mi corazón sabe que nos volverás a extrañar
Encontrar un pedacito de Venezuela cuando se está fuera siempre ha sido alentador. Se siente con orgullo cualquier cosa que huela a criollo, a ají dulce, a artista reconocido, a procer y plaza. Es emocionarse cuando el tricolor se cruza en el camino, recordar el terruño con algún coterráneo en algún rincón del planeta.
Cuando se está afuera, pasa como cuando se termina una relación, pués sólo se logra recordar lo bueno
Algún editor, ante mi petición de ayuda me escribió lo siguiente
... "todos hablamos de las cosas que funcionan en otros lados, pero allá también existen deficiencias, que nos empeñamos en tapar para exaltar la posibilidad (o necesidad) de salir corriendo de una realidad que no ofrece esperanza en la primera vista, pero cuando se ve lo que tú has visto, sé pudiera apostar por otra cosa..."
Hoy les quiero escribir de eso... hoy quiero escribir del por qué, a pesar de la colección de malas noticias que la realidad nos regala a diario, este país sigue siendo difícil de abandonar. Hoy una historia... hoy un cuento, para quienes se han convertido en pedacitos de Venezuela que andan por el mundo. Hoy un cuento para intentar retratar lo que extrañaré, si algún día reúno el valor para abandonar las calles de esta ciudad.
... En mi carro recorro las pequeñas calles de mi pueblo, escondido entre montañas, voy a la estación de servicio y con menos de un dólar, pago el tanque que acabo de llenar...Voy de viaje a la playa, no importa la fecha, puedo seleccionar al azar cualquier fin de semana y la playa estará esperándome cálida y cristalina. En algunas épocas y muy a pesar de ciertas amistades, puedo detenerme y comprar mangos, de un sabor tan especial, una mezcla de dulce y ácido, miel y piña a la vez.
El subdesarrollo, es como dijo Rubén Blades "La cuna del surrealismo, somos la envidia de Europa, nuestra magia los provoca." Cualquiera después de padecer alguna nevada tiene que envidiar la facilidad de nuestro vestuario. Siempre andamos más descubiertos que cubiertos, y así somos..., es más lo que decimos que lo que guardamos; es más lo que mostramos que lo que nos reservamos. Es más fácil tender una mano para ayudar a levantar a alguien cuando las manos no están ocupadas por paraguas, maletines y abrigos.
Con un fondo musical que podría ser el fondo de cualquier boda, celebración, graduación, cervezada, bochinche, guateque o similar, atravieso peajes desiertos y me descubro seducida por el paisaje, impactada por la montaña del fondo y las palmeras que me susurran a los lados del camino. Palmeras que si bien no cambian de colores, me regalan su presencia firme y verde en cualquier época del año.
Busco una lancha, converso con otros turistas, sonreímos y escogemos un destino común; ustedes saben por aquello de la economía mundial, porque para hacernos compadres en este país, sólo hace falta saberse igual, saberse caribeño.
La posibilidad de verme los pies mientras me baño, hacen de ese, mi destino preferido; y la certeza de recibir hielo de los vecinos de toldo si alguna vez olvido la nevera y comer tostones con queso en el kiosko de la playa, son pequeños placeres que me roban sonrisas y me recuerdan que subdesarrollo y todo, los colores siguen siendo más brillantes y la gente tiene su encanto.
Regreso a la gran ciudad, vuelvo a casa y con ella, regreso a ese espacio dónde las tareas siguen inconclusas, donde la vida se construye a diario y la esperanza se renueva con el alba... ¡bien tempranito eso si! Cuando los gallos cantan, los problemas se renuevan y con ellos el compromiso de seguir haciendo realidad los sueños.


¡Gracias amiga!,
por darme uno de los mejores regalos de cumpleaños.
Gracias
porque tus letras hacen posible reconciliarse con este país que a veces duele tanto,
con este país que preserva sus colores aunque insistan en cubrirlo con un manto rojo,
con su gente, que afortunadamente sigue luchando para no sucumbir ante la sobredosis de veneno y resentimiento que nos inyectan a diario,
esa misma gente que al rayar el alba se viste de esperanza, se encomienda a todos sus santos y sale bien tempranito a ganarse el pan de cada día.
¿Cómo no extrañarlo?,
cómo dejar de añorar una tierra en la que las sonrisas suelen estar a flor de piel,
una tierra en la que los menos favorecidos son los que están más dispuestos a entregar sin reservas...
Y hago pucheros...
¿cómo no hacerlos?, si este país, que parece plagado de defectos, me ha legado un gentilicio que es sinónimo de belleza, amabilidad, cortesía, esperanza, solidaridad y la profunda convicción de que vale la pena luchar (aunque los resultados tarden en llegar).
Es cierto... son muchos los sueños que han tenido que esperar por la decisión de permanecer, pero también han sido un montón los alcanzados gracias a estar en él.
Dios nos bendiga y el Espíritu Santo nos ilumine (a nosotras, y al país ;-))