Un día de estos, ya no sé cuando.... Pero si se el cómo..

Temprano en la mañana repito la escena mil veces vivida de estar tan cerca pero tan lejos... unas pocas cuadras me separan de mi destino y largos minutos que me torturan; seguro han estado en esa situación muchas veces y me comprenden, sentada en mi carro (auto o coche como prefieran) y pasa el semáforo una, dos, tres veces y mi carro sigue en el mismo sitio, unos pocos metros para cruzar y el idiota del carro de adelante que no avanza para dejar de estorbar (se han preguntado cuántas veces el papel de idiota que no avanza lo tiene uno???). Felizmente llego, tarde pero llego. Después vuelvo a tomar mi carro (ES QUE NO APRENDO NADA???) y me dirijo unas cuadras más abajo, en pleno centro de Caracas, a las 10 de la mañana cerca de no sé cuantos organismos públicos y yo pretendía conseguir puesto; resultado: fracaso total; pensamiento: "parece que no conociera suficiente esta ciudad". Decido que como no puedo desaparecer por un ratico el carro tengo que ver donde lo resguardo, lo estaciono en un centro comercial y tomo el metro (subterráneo o como quieran llamarlo). Para alguien que como yo pasa de las 24 horas del día en el automóvil algo así como 26 montarme en el metro no deja de ser una experiencia digna de recuento.

Hago la cola para comprar el ticket, me calo a la loca que se me "coleo" y que para colmo me habla golpeado cuando le digo que se equivoco de lugar en la fila, pues con volteada de ojos, cruzada de brazos y pose de indignada la mujercita se quedó muy oronda en la fila y compró antes que yo, pero como la justicia divina llega y llega en esta tierra no pude menos que sonreír cuando llego una viejita y sin pedir permiso ni mirar para los lados se le coleo a la susodicha mujercita con pose de indignada como cuando el novio llega tarde y reclama primero por aquello del que pega primero pega dos veces..... Después de la respectiva caminata hacia el vagón y la correspondiente espera en aquel calor de doce del día en la playa pero sin arena ni agüita, llega el metro y me disfruto la tarea de religión que estaba haciendo una señora que tenía cerca, pero es que yo estaba leyendo instaladísima aquello como si la Biblia y el folletico fuera mío, me dio hasta penita, y levante la mirada así como pa´ disimular mi indiscreción.

Llego al centro de Caracas, vaya desafió: caminar con cara de conocer mis pasos y mi exacta ubicación disimulando mi completa ignorancia y sorteando los obstáculos, me sentía de lo más atleta en plena caminata: derecha, no no izquierda izquierda que viene un carro, ay! me lleve una mesa de buhonero (10 puntos menos), casi me llevo al señor que insiste en venderme un curso de inglés que no quiero, que lindos! los semáforos de adorno (PORQUE TODOS LOS IGNORAMOS)... Busco lo que tengo que buscar, y me regreso con el mismo tumbao` esquivando vendedores ambulantes, tarantines de comida y cualquier otro transeúnte que como yo intenta caminar entre lo que alguna vez fue acera dispuesta para peatones.

Vuelvo a montarme en mi metro... Regreso al punto donde deje mi carro y como ya era hora en la que mis necesidades básicas me piden a grito un stop para comer, hago mi respectiva fila para comprar el mismo menú, de un singular centro de comida rápida al que sólo le conozco dos sedes una a 6 horas de Caracas y el otro cerquita de mi hora de almuerzo. Compró y me siento en una de esas mesas que compartimos muchos comensales y descubro que he desarrollado, bueno mejor dicho hemos desarrollado una capacidad increíble para sentarnos frente a alguien o junto a otro y lograr no cruzar miradas, me impresiono de esa capacidad que no sabía que tenía y que encuentro muy poco sociable; será que esa misma capacidad es la que hemos desarrollado los venezolanos últimamente para desencontrarnos... Mi mediodía ha sido largo, mi mediodía deja recuerdos y reflexiones... Creo que comenzaré a practicar dejando de llamar idiota al carro que no se mueve a la velocidad que yo espero, creo que miraré más a los ojos y sonreiré más... Tal vez así la gran ciudad se parezca más a mi pueblo...